laurita


Partes del cuerpo, la garganta by indivisual
4 agosto, 2008, 2:19 am
Filed under: Diario ilustrado

Nos regalaron una bombilla al revés. Uno puede hacer burbujitas en el mate, pero nada de tragar. En el asiento de al lado del colectivo, unos uruguayos nos miran enfurecidos, imagínate, se van poniendo rojos, cada vez más y más, como dibujos animados, la vena del cuello saliéndose como si fuera cable, el pelo erizado como si un enchufe y la mujer, Che, Ariel, calmate, tranquilo, y el tal Ariel que agarra su termo gigante, vuelve a poner agua en su matero gigante y se concentra en beber hasta que poco a poco va volviendo a recuperar el color de siempre. Alvarito, sentado a mi izquierda, intenta con todas sus fuerzas hacer subir el agua por la bombilla, pero es la bombilla la que acababa por aspirarle el labio a él y se le queda colgando como cuelgan los dientes antes de caerse. Entonces, Alvarito me tira de la manga hasta que le presto atención, esconde la boca entre las manos, se levanta, pone cara de estar presentando un truco de magia y grita, Atención, señores y señoras, con todos ustedes: ¡la bombilla al revés! Y se descubre la boca, la bombilla colgándole del hocico, y Ariel que ya está haciendo ruiditos de tormenta o de pelo estropeado en el secador. Alvarito chupa por la bombilla y parece un muñeco de trapo sin relleno, los labios se le quedan con forma de beso de abuela, los cachetes como ventosas hacia dentro, los ojos como payaso observando al público. De pronto, inesperadamente aunque después de esperarlo tanto, parece como si el mate hubiera decidido resignarse a subir por la bombilla y entonces es Alvarito haciendo aspavientos, su mano se enreda en mi pelo, se le acaba el aire, suelta la bombilla, el mate que se resbala como en una escena de Chaplin, pero Ariel cerrando los ojos como si estuviera viendo una película de Robert Wiene y yo gritando emocionada, ¿Y?, ¿bebiste?, Alvarito con cara de Celia Cruz chupando limón, Nos regalaron una bombilla al revés, dice escupiendo, esta vez con cierto abandono. En efecto, el agua se quedaba abajo, mientras que la hierba, al contrario de lo que se espera, subía por la bombilla y sonaba como una trompeta si un borracho, o como un tubo de escape desajustado.


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