laurita


El equilibrista by indivisual
19 marzo, 2008, 6:17 pm
Filed under: Diario ilustrado

 

Liliana tiene un equilibrista al final des estómago. Ahí justo donde cae la comida y uno la siente dando vueltas, lavadora, mientras toma mate en el jardín –afuera pasa la micro, una taladradora al fondo de la calle y el hombre del carrito lleno de uvas tocando la campanita por si acaso, adentro la conversación de siempre sobre el aborto o el matrimonio gay, comentario evidente, reacción previsible como si sorpresa a estas alturas, timbre, sonrisas, helados de esos que no se olvidan, Serví vos en las copas que yo voy por las cucharitas –ahí justo, entre vuelta y vuelta, lavadora, siente Liliana un equilibrista como haciendo malabares sobre el monociclo, el monociclo sobre una cuerda, la cuerda amarrada a entre árboles pero a punto de soltarse (tirachinas que tiembla y piedrita disparada que se pierde en su propia velocidad). Una vez más, se siente como un personaje de Cortázar en una novela de Flaubert. Como un dibujo de Matisse en un cuadro de Renoir. O, mejor, se siente como si a Renoir se le hubiera ocurrido dibujar como Matisse en medio del Dance at the Moulin de La Galette–y ahí, en una esquinita, tras una farola, ¿cómo esconderlo?, ¿cómo hacer para que nadie piense que yo hice semejante garabato?, ¿cómo intentar, después de todo, volver a darle el trazo de los otros personajes, el mío, mi trazo, el de siempre?…¡parece como si estuviera bailando una música diferente al resto! –Y el equilibrista que no deja de pedalear porque en el momento en que pare suelo y cabeza y fin de la historia y Liliana que sonríe porque le da cosquillas sentirlo corretear sobre la cuerda.  A veces elequilibrista tiene hambre y entonces es Liliana hablando con una mujer en el subte como si también ella viviera en Medrano, o Liliana bailando tango con sombrero y tacón de aguja, o Liliana guiñando el ojocomo guiñan el ojo los que venden empañadas en Recoleta. A veces el equilibrista tiene sueño y entonces es Liliana sentada en Caminito esperando como espera el hombre del carrito lleno de uvas.  

No fue sorpresa lo de la tela de araña –mosquito que vuela y de pronto destino fatídico y ocho patas que avanzan. Más bien, lleva días acercándose, poco apoco, eso sí,como se acercan los pies descalzos en Semana Santa, como de niña en el túnel del terror, mano cerrada que aprieta la garganta adentro sin dejarla tragar, pasito, pasito, y el grito preparado para cuando Eduardo Manostijeras, que no es la primera vez ni la última. Liliana se acerca a la tela de araña sabiendo que esta vez la van a comer, que ya no puede vivir allí ignorando al animalito venenoso –nunca lo había ignorado, que más bien ni siquiera lo había visto, que ella se creía en un telar, como pasa siempre que uno está dentro y la lavadora dando vueltas y uno sinpoder distinguir si eso que gira es un pantalón o acaso el camisón de la vieja, que ahora le da por ponerse sexy a esas horas sin estrellas ni champagne. Claro que ahora Liliana entra en la telaraña después de haber colgado la ropa y ya no hay sitio desde donde no se vea al animalito venenoso y Liliana camina por la jungla de asfalto y parece como si Renoir, él mismo, el de siempre, ya sólo supiera pintar como Matisse, como si Flaubert hubiera descubierto a Cortázar y Madame Bovary persiguiendo a Oliveira porlas calles de París y Buenos Aires llena de farolas y cables y anuncios en vez de estrellas y lianas y palmeras, de carreteras en vez de machete y caminito, de autos y colectivos y camiones en vez de monos y boas y cocodrilos, de apartamentos (unos encima de los otros, como con miedo de que no haya espacio para todos, comosi en la jaula uno se sintiera seguro), centros comerciales y discotecas en vez de montañas y ríos y piedras. Y Liliana que ya sabía que estaba entrando donde la araña y la veía de lejos y sabía que ya nunca podría dejar de mirarla, como cuando a uno le dicen que está prohibido entrar y se queda mirando por el agujerito de la cerradura hasta que se va el vigilante y entonces abre la puerta. Liliana mira a la araña y a veces le parece que está tan cerca y sin embargo otras veces la ignora como se ignoran los borrachos que llegan a un grupo de universitarios sentados en la plaza, cerveza y discusión sobre si Bob Dylan o Leonard Cohen y Liliana feliz disimulando ceguera y cantando Hey, mr. Tambourine manpor las calles que se pierden y se encuentran como si se conocieran detodalavida –y en el fondo se conocen de siempre, que aunque del otro lado no hay palmeras, son los mismos los que en domingo se juntan en Plaza Francia y en el estanque del Retiro donde los leones, son las mismas las películas que dan en los cines de Corrientes y las de la Gran Vía, es la misma melodíala que sale dela guitarra del hombre que pide monedas en Palermo viejo y la que canta el que estásentado en el andén de la línea uno de Tirso de Molina que va en dirección Atocha, de donde se aleja el equilibrista –monociclo y tres pelotitas que se confunden en el aire- que no ha dejado de pedalear, ahí justo al final del estómago de Liliana. 

 


2 comentarios so far
Deja un comentario

la idea de los personajes de cortazar campando por las novelas de flaubert es deliciosa

que tomaste para escribir esto?

besos, laurita

Comentario por wigs

cuantos telares que acaban siendo telas de aranha.. aunque tambien cuantos equilibristas en monociclos!yo tambien voy a aprender, creo que voy a empezar tirando una pelota al aire y a ver si soy capaz de recogerla..no vaya a ser..

precioso,no podia ser de otra forma..
beijos grandes miuda

Comentario por bea




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