laurita


A night in Tunisia by indivisual
19 noviembre, 2007, 3:58 pm
Filed under: Diario ilustrado

La belleza está en tu cabezaLucas va silbando por la calle Santo Domingo en la misma dirección que corre el río Mapocho, que más que un río, piensa Lucas, parece una charca fangosa que va arrastrando todo lo que ha quedado tras la inundación de un camping en las afueras de la ciudad. Silba A night in Tunisia como quien sabe que busca algo y trata de ocultarlo para que nadie se de cuenta, gira hacia el barrio Brasil cuando se cruza con la Avenida Cummings, sigue hasta Yungay y realmente parece de esas veces que uno lo hace todo sin querer porque de pronto la encuentra, así como sin esperarlo: el cartel de la entrada revela que los rumores eran ciertos. Finalmente, no se trataba de habladurías de esas que corren entre pupitres el primer día de clase cuando suena el timbre y entra la profesora de matemáticas; no eran los cuchicheos de cuando la tía Ágata se iba al baño en medio de la comida familiar del domingo y ya empezaban sus hermanas, Lo ves, la gata le sigue a todas partes, eso es un mal de ojo, Pues chica, te parecerá una tontería, pero a mí me da que la protege, qué quieres que te diga, A lo mejor es Luisito que se ha reencarnado en la gata y ahora la cuida todo el tiempo, Chorradas, lo que pasa es que cuando, ¡Calla, que viene!, Hay que ver lo rica que te ha salido la sopa, mamá, ¿qué lleva? No. Esto era de verdad. ¡Ahí está el cartel! Lucas había soñado una vez –o quizá lo había imaginado mientras caminaba distraído mirando hacia la cordillera, porque de estas cosas uno nunca puede estar completamente seguro y esa es quizá la magia del asunto- que tocaba ahí mismo, en esa esquina, bajo el cartel. Esperaba toda la tarde en el banco del parque que hay cruzando la avenida Libertad y apuntaba en el cuaderno la hora a la que entraba alguien, quién era –o quién podría ser, que a veces resulta mucho más interesante y desde luego infinitamente más entretenido-, cuánto tiempo estaba dentro y qué pasaba cuando salía de nuevo a la calle. Así, después de dos horas y media, le quedó la siguiente tabla:

17.32 Entra un hombre esbelto, con sombrero y bigote y restos de una barba descuidada, pelo lacio, medio rubio, gafas circulares, parece malhumorado. Podría haber tenido una reunión importante que no ha salido como esperaba, o quizá se trate sólo de un malentendido con su mujer, Has empezado tú, No, tú dijiste eso primero, No, no, eso yo lo dije por lo que habías dicho tú antes, etcétera.
17.50 Entra un hombre de color con un periódico bajo el brazo y un bolígrafo en la mano derecha. Mira el reloj dos veces antes de decidirse a abrir la puerta. Seguramente viene de dos entrevistas de trabajo, aunque mañana tendrá la más importante: jefe de personal de la empresa Galpollos S.A. No está seguro de estar a la altura.
17.56 El hombre de color sale y enciende un cigarrillo. Vuelve a mirar el reloj. Abre el periódico, ahí está: “Se necesita joven cualificado y con experiencia para dirigir la sección de Personal. Por favor, póngase en contacto con blablabla.” Está cualificado pero, ¿será lo suficientemente joven?, ¿qué querrán decir con eso de “joven”? Vuelve a entrar a las 17.59
18.04 Entra una mujer de unos treinta y cinco, pelo rizado, labios pintados, pálida, traje gris conjuntado con el bolso, guantes blancos. Lleva en cada mano a un niño, los dos de seis años, misma altura, mismo uniforme, misma nariz: exactamente iguales. Quizá el de la izquierda se llame Lucas. El de la derecha, sin embargo, podría llamarse Claus, o bien Klaus, a veces es difícil acertar. Durante todo el camino han intentado soltarse de la mano de su madre pero ella es una mujer dura, le gustan los buenos modales, la educación, la cortesía. Los ha parado frente a la puerta, No quiero nada de jueguecitos aquí dentro, ¿entendido?
18.15 Sale el hombre del sombrero aunque ahora lleva el sombrero en la mano. Ya se le ha olvidado la discusión con su mujer –no, no era una mala reunión, sino una de esas tonterías que se arreglan con una llamada-, se acerca a una cabina, marca un número y se mira en el reflejo del cristal mientras espera la respuesta al otro lado. Sonríe, se peina un poco el flequillo, mueve los labios hacia un lado y hacia otro y con ellos el bigote, muy bien recortado, carraspea, ¡Cariño!
18.28 Entran dos chicos jóvenes que vienen conversando a través del parque y cruzan sin darse cuenta de que pasa un taxi y el hombre del taxi, ¡Vais dormidos, o qué!, y ellos continúan ensimismados como si no hubieran escuchado el pitido, hablando seguramente de la mujer que conoció el moreno, el de pelo más largo, hace una semana. El otro, demasiado alargado y con cara de acelga, lo escucha sin perder una sola palabra, anotando mentalmente cada paso desde la llamada, luego la cena, las velas, la flor durante el paseo junto al río, la llegada a su apartamento y ahí los ojos parece como que se le deshacen. Miran a través de los cristales, se deciden, entran.
18.30 Sale un hombre de bata blanca que cuelga un letrero en la puerta.
18.42 Se acerca un hombre viejo, elegante, pelo blanco, bigote, bastón, gabardina. Cuando va a abrir la puerta repara en el letrero y da media vuelta y sigue por la calle Compañía. En el letrero dice, “COMPLETO. Aguarde media hora o vuelva usted mañana. GRACIAS”
18.57 Sale el hombre de color. Parece más joven. Raya a un lado, patillas bien recortadas, se pasa la mano por las mejillas, piel tersa. Guarda la cartera, enciende otro cigarrillo, tira el periódico en la primera papelera que encuentra: ya sabe la dirección y el horario de su nueva empresa, aunque eso sólo será mañana.
19.00 El hombre de la bata blanca sale para retirar el letrero de la puerta, aunque sabe bien que el viejito no aparecerá ya, ni volverá tampoco al día siguiente.
19.24 Sale la mujer con los dos niños que son igualitos, Lucas y Claus, o bien Lucas y Klaus, que se miran en los cristales de todas las tiendas y en los retrovisores de los coches aparcados. Lucas acerca la mano derecha a la cabeza de su hermano, le revuelve los rizos y le deja el pelo en forma de torbellino, se ríe. Klaus, o Claus, hace lo mismo con Lucas, ¡Quietos!, ¿es que no podéis comportaros? Y los dos paran pero ya no sirve de nada porque están completamente despeinados. Mañana se casará su tía Ángela, la más pequeña, pero eso a ellos no les importa.
19.53 Salen los chicos jóvenes. Primero el de cara de acelga, que ahora parece más bien un champiñón. Espera a su amigo moreno, con patillas y gomina, el pelo cuidadosamente hacia atrás. Mira el reloj, aún tienen tiempo de un trago antes de quedar con ellas. Desaparecen por un callejón que va a dar a la calle Bulnes.
20.01 El hombre de la bata blanca sale sin la bata y con un maletín en la mano. Cuelga un letrero, saca la llave del maletín, cierra la puerta. En el letrero dice, “CERRADO”. Las luces están apagadas. Espera a que pasen tres coches y un autobús, cruza la avenida hacia el parque. Bigote muy recortado, pelo medio ondulado con una raya al medio, gordo, simpático pero serio en su trabajo, quizá poco hablador. Llegó a Santiago en los años treinta tras recibir el premio en París. Nunca ha pensado en contratar empleados. Cuando le salgan canas y empiece a perder el pelo, quitará el cartel grande y venderá el local, que pasará a ser un café o una librería.

Después en el sueño Lucas se levantaba, cruzaba la calle, esperaba a no ver a nadie por ningún lado de la acera y sacaba el saxofón para tocar A night in Tunisia.

Y ahora está ahí, como sin esperarlo, frente al cartel que es exactamente como lo recordaba en su sueño. El cartel está escrito en letras blancas muy elegantes sobre fondo negro y dice: “PELUQUERÍA FRANCESA. Manuel Cerda”. Lucas mira el reloj: 18.56. Se abre la puerta. Sale un hombre negro, raya a un lado, patillas bien recortadas, se pasa la mano por las mejillas, piel tersa. Guarda la cartera, enciende un puro, no lleva periódico. Lucas lo mira, duda un instante, luego abre la puerta. Le queda una hora antes de que Manuel se quite la bata blanca, la meta en su maletín, apague las luces, cuelgue el letrero en la puerta, “CERRADO”, y cierre con llave pensando que dentro de unos años le servirán café ahí mismo, como se sirve a un invitado de honor, mientras les cuenta a las camareras el importante premio que recibió en París, “Esthetique et confection”, o bien entrará en la librería y firmará ejemplares de la novela Wondeful Lucas por la página veintitrés, que es donde empieza el capítulo A night in Tunisia, dedicado a su peluquería.


1 comentario so far
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LA LITERATURA ES BELLA, LA PREFERIDA PARA MI ES NIETSZE, PERO NO DA PARA VIVIR
CELA HASTA EL NOBEL VIVIA GRACIASA ANUNCIOS EN TV
ALBERTI MURIO POBRE.
CREO Q ES BUENO ESCRIBIR SOBRE CIENCIA, COMO CARL SAGAN POR EJEMPLO. BESOS

Comentario por JOAQUIN PRIMO LEJANO QUE SE ACERCA




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