laurita


La sala de espera by indivisual
9 noviembre, 2007, 9:10 pm
Filed under: Diario ilustrado

Sala de espera

Lucas espera para entrar al médico. En medio del silencio funerario interrumpido sólo por alguna tos exagerada e impaciente, una mujer cae al suelo: un grito seguido de un estruendo, o un estruendo seguido de un grito, o ambas cosas al mismo tiempo porque esto de la velocidad del sonido se vuelve relativo en la memoria –y así se eternizan todas las discusiones posibles, Has empezado tú, No, tú dijiste eso primero, No, no, eso yo lo dije por lo que habías dicho tú antes; y uno nunca sabe, piensa Lucas. El caso es que es uno de esos impactos auditivos que habría fascinado a a Carl Orff para sus Carmina Burana –quién sabe si acaso el viejo no se inspiró esperando para entrar al médico. Revuelo en la sala, montaña de manos que tiran de la mujer para levantarla, mareo, confusión, Vamos a ponerla de pie, No, mejor no le muevan la pierna, ¿Puede usted caminar?, Pruebe a mover la rodilla, Pero presione el muslo al mismo tiempo, ¿Le duele? Hombre de Seguridad que se impone con la autoridad que se le fue creando bajo el uniforme tras cinco horas de aburrimiento esperando a Que Algo Suceda y acaba de suceder y el Hombre de Seguridad va apartando manos hasta llegar a la mujer que está en el suelo y con voz de Superman le dice, ¿Se encuentra usted bien, señorita?, ¡Mi rodilla!, ¿Le duele la rodilla?, ¡Mi rodilla!, ¿Puede usted levantarse? , –esfuerzo-, ¡Mi rodilla!, -médico, enfermeros, camilla –revuelo: una señora le agarra la cabeza, brazo izquierdo entre dos niños, las piernas las sujetan dos ancianos que parece que van a morirse después del esfuerzo y el Hombre de Seguridad guiando, como si los enfermeros no supieran dónde está la sala de traumatología donde trabajan diariamente desde hace seis años. La sala de espera vuelve a quedar en silencio pero ya no es un silencio funerario, ahora es un silencio como una cerveza en el congelador dos segundos antes de explotar. Los ojos desconocidos se miran deseando compartir Lo Que Ha Sucedido como si no lo hubieran compartido ya, como si el pie de página fuera más importante que el propio texto, y así los comentarios empiezan a salir como burbujitas en el agua hirviendo y se amontonan los unos encima de los otros pisándose en cada palabra y Lucas va mirando de un extremo a otro de la sala siguiendo un curioso hilo de cavilaciones sobre la mujer de la camilla.

Estaba aquí sentada a mi
Yo ya lo estaba viendo que se iba a caer porque
La pobre en el suelo y
Y como sólo decía, ¡Mi rodilla!, no
Yo la he ayudado a levantarse y entonces
Hay que ver cómo apretaba la mano la muy
Y creo que podría haber hecho un esfuerzo para
También a mí me pareció desproporcionado que
Y ese grito, hombre
Que estamos en un Hospi
Pues tampoco gritó tanto, que cuando yo me caí en
El caso es que cuando ha entrado yo creo que ya
Sí, sí, mi marido y yo la hemos visto
Porque de un golpe tan tonto no
Yo te digo que la rodilla ya la
Que esa se ha creído que
Además, como ha llegado la última al
Y la sala llena, pues
Y claro, ahora la atienden antes que a

Lucas se levanta y ya en la puerta levanta el brazo con el dedo índice extendido y grita, ¡Desde luego, hay que ser caradura y tener poca vergüenza! Y vuelve a casa orgulloso de haber participado en el contubernio.


2 comentarios so far
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Creo saber la razón que tenía Lucas para ir al médico, pero no lo voy a exponer, aquí, en público.

¿Cómo estás? ¿De dónde has sacado tu bicicleta roja?

Comentario por K

Cuidado loca, las empanadas de queso son exquisitas pero provocan adicción, como los argentinos guiñaojos.
La primera vez que fui a Chile los Pacos me amenazaron con secuestrarme por apellidarme Prat.
La segunda vez que entré en Chile, 5 años después, los Pacos me felicitaron por la misma razón. Carlos Prat, – dijeron – su apellido es muy querido aquí.
Quizá por eso me planteo ir una tercera.

La foto de la silla es de una oscura cafetería de Berlín. Parecía más bien una antigua discoteca ochentera que una cafetería. Por supuesto, no era una sala de espera.
Por cierto, cambia el e-mail de tu perfil. Lo necesité cuando te creé el blog, ahora te corresponde manejarlo a ti. Te avisará cada vez que haya un comentario. Y si, udiseo, con U de “uuuuuuhh” es mío. Me pertenece. Como todo.

Besos, bicichanta.
K.

Comentario por K




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