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(experimentos del capitalismo: la infinita deuda interna)

El Sr. T trabaja en el supermercado de un Mall. Empezó siendo “propinero”. Su trabajo era simple: la empleada iba pasando los alimentos por la caja registradora y él los iba metiendo en bolsas de plástico. Llevaba un chaleco rojo y una gorra del mismo color con el logo de la empresa, Santa Isabel. En el chaleco tenía una chapa amarilla donde podía leerse “propinero”. A veces la gente no le daba dinero y entonces el Sr. T volvía a casa con las manos vacías después de ocho horas de trabajo. Otras veces tenía suerte y entonces volvía con mil quinientos pesos y una sonrisa que decía “¡hoy me tocó envasarle la compra al del programa de Chilevisión!” y los vecinos llamaban a su puerta para preguntarle toda clase de detalles sobre el tal tipo de Chilevisión y el Sr. T llegaba a sentirse muy afortunado y daba gracias al Señor. Un día el Sr. T vio a su compañero de trabajo metiéndose una bandeja de queso bajo el uniforme. No lo dudó un segundo y se fue a hablar con su superior. El Sr. T recibió su primera paga y el jefe lo felicitó por haber delatado al ladrón y le dijo que si seguía así pronto le darían un empleo en esa misma sucursal. Así, el Sr. T fue ascendiendo hasta llegar a encargado de reponedores. Trabaja diez horas al día así que se ha comprado una televisión plana y un Dvd y está pensando en cambiar de coche. Claro que el Sr. T no tiene dinero suficiente para comprar todo eso, pero está tranquilo. El lunes se levanta temprano y va al banco. El banco de Chile siempre está lleno. Espera tres horas y por fin lo atienden. Pide un crédito. El Sr. T decide mandar a sus hijas a una escuela de pago. No tiene para pagarla, así que vuelve al banco. Pide un crédito. Las hijas del Sr. T quieren un nuevo celular por Navidad, de esos que hacen fotografías a color. El Sr. T no tiene para pagárselo pero está tranquilo, al día siguiente va al banco. Pide un crédito. Al Sr. T le duele la espalda de cargar y descargar cajas durante todo el día. Cuando llega a casa se sienta a ver la tele pero se queda dormido. El Sr. T va al médico y se entera de que se está muriendo así que sus hijas piden un crédito para la operación. Como ahora el Sr. T no puede trabajar, porque se está muriendo, sus hijas van al Mall en busca de un trabajo. Una sirve hamburguesas y bebidas, está embarazada; la otra está tras la mesa de Información para informar a los clientes que llegan al Mall de dónde está cada tienda o dónde hay un teléfono público. El Sr. T se muere y como aún no había terminado de pagar los créditos, que se han ido haciendo más y más grandes con los años, sus hijas piden otro crédito para pagar los créditos de su padre muerto. Cuando van al Banco de Chile, la empleada sonríe, Voy a darles una buena noticia, gracias a que su suscripción con esta empresa sobrepasa los diez años, el entierro de su padre queda a cargo del Banco, no se preocupen por los gastos. Ellas se miran, se abrazan y dan gracias al Señor.